IMPOTENCIA ERÉCTIL
La impotencia eréctil emerge de dos maneras: la primaria, es aquella en donde el hombre nunca tuvo una erección, y la secundaria, cuando después de una vida sin problemas de esta índole el hombre queda impotente. La más habitual y de mejor pronóstico es la impotencia eréctil secundaria.
Se cree que más de la mitad de la población masculina atravesó períodos transitorios de impotencia eréctil. Situaciones de peligro de muerte, depresión profunda, cambios drásticos, gran cansancio, fuerte tensión emocional, determinados medicamentos, hostilidad hacia la pareja, ansiedad, exceso de alcohol, pueden ocasionar dificultad de erección. Cuando es ocasional y se da en las circunstancias descriptas, la pérdida de erección es una consecuencia esperada, pero se transforma en un problema cuando por su frecuencia perjudica al individuo y a su relación de pareja.
La impotencia eréctil puede presentarse a cualquier edad y en las más diversas ocasiones: algunos pierden la erección durante las caricias preliminares al coito; otros la mantienen sólo mientras están vestidos, perdiéndola en el instante que el pene se hace visible; muchos pierden la erección cuando llega el momento de la penetración, y otros durante el acto sexual. Algunos no mantienen la erección en el coito pene-vagina, pero llegan al orgasmo a través de la manipulación o del sexo oral.
Muchos se quejan de que, aunque tengan una erección perfecta cuando no es posible mantener una relación, la pierden en el instante en que la relación se hace viable. A menudo las mujeres dominadoras provocan la pérdida de la erección, pero determinados individuos sólo alcanzan un buen desempeño sexual si la mujer asume el control del acto sexual. Otros no funcionan con la esposa y sí con prostitutas. Un mismo problema orgánico puede causar impotencia a algunas personas y no a otras.
Muchos pacientes con impotencia eréctil no tienen problemas orgánicos, no exhiben rasgos neuróticos serios ni trastornos del carácter, ni tienen una mala relación con la esposa. Sin embargo, algunos hombres son mucho más vulnerables que otros y pierden la erección en situaciones en que la mayoría la conserva. Las razones de esa mayor vulnerabilidad aún no se conocen con exactitud. Por ahora sólo podemos especular que ciertos factores constitucionales y de la historia de vida del individuo le predisponen a este problema.
Una persona puede desarrollar desde la niñez un síntoma somático específico, como diarrea, náuseas, dolor de cabeza, etc., en respuesta a cierto tipo de tensión. Por ejemplo, puede tener diarrea cuando es reprendido por el padre o dolor de cabeza durante un examen escolar. Este patrón específico de respuesta hace que determinado sistema del individuo sea vulnerable al desarrollo de desórdenes psicosomáticos. Por analogía, los pacientes que desarrollan impotencia eréctil tienen como punto vulnerable un sistema vasocongestivo genital especialmente reactivo. Sin embargo, aún no está claro si son las experiencias de vida o los factores constitucionales los que más influyen en el desarrollo de esta susceptibilidad. La actitud de “estar a disposición para satisfacerlo”, por parte de una prostituta, puede despertar un alto grado de erotismo en un individuo u ocasionar la pérdida de erección en otro. ¿Cómo se explica esto? Probablemente la respuesta esté en la relación de este niño con los padres, en sus experiencias de vida y su elección amorosa, en interacción con la vulnerabilidad de su sistema vascular genital.
Lo más importante es tener claro que no es la situación en sí la que lleva a la impotencia eréctil, sino lo que el individuo hace con esa experiencia que siente como negativa. Generalmente, cuando la impotencia se establece en un individuo, éste se siente presa de tal ansiedad que el miedo de fallar pasa a dominar su vida. El próximo encuentro sexual no es para “hacer el amor”. Es un examen. Y cuando el sexo es planteado en esos términos, el individuo frecuentemente pasa a ser el espectador de su desempeño sexual, lo que fatalmente propicia la pérdida de la erección. Adoptando esta postura de preocupación, acaba inhibiendo los reflejos nerviosos y vasculares responsables de la repleción del pene. A cada falla, el individuo va preocupándose más por la impotencia eréctil, cerrando un círculo vicioso muy difícil de romper.