Impotencia Masculina Causas
Dadas las diversas modalidades de la impotencia y la variedad de las situaciones en que se manifiesta, no existe consenso sobre las causas de la impotencia masculina. Pese al gran número de causas orgánicas conocidas, sobre todo de naturaleza química (como los psicotrópicos y los moderadores del apetito), los estudiosos consideran que el 90% de los casos son de impotencia psicológica. Sin embargo, a no ser que la impotencia sea claramente situacional, demostrándose por lo tanto la integridad anatómica y fisiológica del órgano, el sujeto debe someterse a un examen médico antes de iniciar el tratamiento psicológico. Diabetes no diagnosticada, bajo nivel de andrógeno, problemas hepáticos, alcohol y antibióticos en exceso, esclerosis múltiple, tumores, cáncer de próstata, problemas vasculares, entre otros problemas físicos, pueden afectar el funcionamiento masculino.
Las causas psicológicas de la impotencia masculina pueden tener origen en serios conflictos psíquicos inconscientes, como tener ganas de experimentar placer erótico y temer el castigo, miedo a la castración si se tienen relaciones, hasta ser algo situacional como, por ejemplo, tabúes sexuales o miedo al fracaso. Es bastante común la impotencia como resultado de la mala relación conyugal: hostilidad y rabia entre los cónyuges, miedo al rechazo o a ser abandonado, decepción respecto del matrimonio y la mujer, dificultades de comunicación, proyección de sentimientos reinantes en la familia de origen.
Las causas de la impotencia masculina y como combatirla.
La disfunción sexual no es necesariamente causada por una patología psíquica grave. Aunque frecuentemente existe un problema psíquico, muchas veces lo más importante en el desarrollo y mantenimiento de la disfunción son las causas inmediatas.
Para que se produzca la erección -que es un reflejo involuntario- es necesario que el individuo sea capaz de entregarse al sentimiento erótico, olvidándose de todo el resto.
Cuando el individuo se abandona al placer o es estimulado directamente en sus órganos genitales, sus centros nerviosos responsables de la erección dilatan las arterias del pene para que afluya la sangre y se produzca la erección. Los núcleos cerebrales, a través de la estimulación psíquica, y siempre que no haya bloqueo, conflictos, etc., también producen la erección. La más común de las causas inmediatas de la impotencia es el clima de tensión, antierótico, creado por la pareja y el miedo de fracasar. El miedo de fallar pasa a dominar la vida del individuo. En la relación sexual, él está pendiente de su propio desempeño. Cada posibilidad de hacer el amor no es evaluada como una situación de placer sino como un examen decisivo para probar su virilidad. Así es muy difícil que el sujeto pueda abandonarse a la experiencia erótica, y en consecuencia no estarán dadas las condiciones para la respuesta de erección.
Se genera entonces un ciclo -miedo a la impotencia, fracaso, ansiedad- muy difícil de romper. El tratamiento se realiza con la pareja. Un profesional con experiencia en el tratamiento de las disfunciones sexuales y en la terapia de parejas, reconoce y evalúa las causas que provocan esa disfunción. Mediando una buena relación en la pareja, el próximo paso son ejercicios de reconocimiento que cada uno hará del cuerpo del otro, en su propia casa. A través de estos ejercicios -en los que está prohibida la relación sexual- el individuo puede volver a disfrutar del sexo sin la expectativa de mostrar determinado desempeño.
Las dificultades y conflictos son trabajados a medida que van surgiendo. Cuando uno de los dos presenta problemas psíquicos individuales, si es necesario es atendido individualmente. Es común, tanto en el tratamiento de la disfunción orgásmica como en el de la impotencia, que haya una resistencia a la terapia por parte del cónyuge que no presenta el síntoma. Es probable que entren en juego beneficios secundarios de la disfunción. El terapeuta debe tener habilidad para manejar estas situaciones y hacer frente a la ansiedad despertada por la recuperación del sexo. El tratamiento de la impotencia eréctil secundaria tiene un buen pronóstico, salvo que la relación de pareja esté seriamente deteriorada o exista algún problema psicológico serio en uno de los cónyuges.