Las ideas sobre terapia sexual ya no son las mismas que años atrás, se han modificado y cuestionado ciertos aspectos. El estudio de Masters y Johnson en los años 60 ayudo a esclarecer las dudas de la respuesta sexual humana y también trabajo la disfunción sexual como una problemática que surge, fundamentalmente, por la ignorancia, los prejuicios y la ansiedad. Es decir, no por problemas profundos, de índole física. Esta visión hizo posible que un número enorme de personas que no conseguían ayuda a través del psicoanálisis o de la terapia conyugal fueran atendidas dentro de este enfoque más objetivo y orientado específicamente a la disfunción sexual.
Sin embargo, con el paso de los años y el aumento de experiencia clínica en el campo, fue haciéndose cada vez más evidente la limitación del alcance de las técnicas de la terapia sexual estándar. Esto no quiere decir que no sean eficientes o que hayan sido superadas. El trabajo de Masters y Johnson significó un gran paso, pues además de especificar las disfunciones sexuales posibilitando el tratamiento específico para cada una de ellas, inventó un método por el cual la pareja puede trabajar sus vivencias sexuales a través de los ejercicios realizados en casa, junto con los sentimientos y resistencias despertados por estas experiencias. Ciertos conflictos que demorarían años en aparecer en una terapia individual o de pareja, se presentan en unas pocas sesiones de terapia sexual.
En 1974 la sexóloga y psicoanalista Helen Kaplan, en su libro La nueva terapia del sexo, propuso un enfoque psicoanalítico para la terapia sexual estándar desarrollada por Masters y Johnson. La mayor contribución de Helen Kaplan al tratamiento de la disfunción sexual fue su visión de la necesidad, en gran número de casos, de un trabajo más elaborado de las causas intrapsíquicas que determinan dicha disfunción. Con esta propuesta, Kaplan fue el portavoz de un problema que hace mucho sienten los que trabajan en esa área: la precariedad, o insuficiencia, de la terapia sexual en el tratamiento de muchos fenómenos observados durante su transcurso. Esto no quiere decir que los principios básicos de la terapia sexual estén superados, sino que deben, necesariamente, ser enriquecidos. Kaplan, con su libro La nueva terapia del sexo, Vol. II, El deseo sexual, ayudó a delinear los límites y los problemas que ofrecen mayor posibilidad de tratamiento y de éxito en la terapia sexual estándar y los problemas que requieren de mayor habilidad del terapeuta en el conocimiento de la psicodinámica de la vida conyugal y conocimiento psicoanalítico.
La terapia sexual estándar es efectiva principalmente cuando el problema reside en ansiedades y conflictos superficiales. Para Kaplan, la mayoría de los pacientes con disfunciones sexuales entra en esta categoría, especialmente los que sufren de disfunción concerniente al orgasmo.
Es la preocupación por agradar a la pareja, las expectativas irreales con respecto al desempeño, los vestigios de culpas infantiles (como la vergüenza por la masturbación y el placer sexual), la lucha por el poder en la Pareja, la ansiedad con respecto al desempeño, la dificultad en imponerse, en decir que no. Cuando estos problemas se manifiestan en forma leve pueden ser tratados por la terapia sexual, que informa, reduce la ansiedad, promueve la seguridad, confianza y comunicación entre los miembros de la pareja. Sin embargo, existen individuos con problemas más profundos o con conflictos conyugales serios, para los cuales las técnicas de la terapia sexual no son efectivas.
Los siguientes conflictos inconscientes son más difíciles de tratar con éxito por la terapia sexual: ansiedad con respecto al placer sexual y al éxito, miedo de establecer intimidad y compromiso con el otro, profundo miedo al rechazo, proyección de problemas personales en la relación de pareja, entre otros. Sin embargo, la terapia sexual puede ser más flexible, dependiendo de la formación del terapeuta, y hacer intervenciones que resuelvan estos problemas, permitiendo que prosiga la terapia sexual. Estos casos son de tratamiento prolongado y a veces exigen que se interrumpa durante un tiempo la terapia sexual para atención individual de alguno de los cónyuges. Dentro de esta categoría se ubican, principalmente, unos pocos casos de disfunción orgásmica, los casos más difíciles de impotencia y la mayoría de las dificultades de la fase del deseo, es decir, cuando el individuo se siente totalmente asexuada.